El Garante de las Farc y el Nobel de la mentira.

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Bogotá 23 de abril de 2017

Las recientes y explosivas declaraciones de Nicolás Maduro, en respuesta a la hipócrita posición del gobierno colombiano frente a su dictadura, reflejan el ánimo desesperado de crear una confrontación con un agente externo, en momentos en que Venezuela arde. Distraer a la opinión para desviar la atención hacia un conflicto con Colombia, es una vieja estrategia a la que también acudía Chávez, cuando el rechazo del pueblo era muy evidente.

No obstante, sus palabras encierran una verdad inocultable: él es copartícipe de la gran trampa que aquí Juan Manuel Santos llamó “paz”. En la patética controversia entre estos dos aliados, le creemos a Maduro. No miente al decir que conoce secretos y que la farsa que se ha adelantado en Colombia, es gracias a él y a Chávez. Para que Santos pudiera sentar a las FARC a una mesa de conversaciones, necesitaba el aval de gobiernos cómplices. En esta coyuntura, Santos se ha convertido en rehén del dictador, quien ha sido parte activa del negocio de narcotráfico que lo mantiene en el poder.

El compadrazgo de Santos con el régimen venezolano no es nuevo. Una vez posesionado, luego de haber conseguido la victoria gracias a la plataforma uribista, se ocupó de emular juiciosamente todo cuanto Chávez hizo para mantenerse en el poder y pasar por encima de la Constitución y la voluntad popular con argucias y trampas. La independencia de poderes que en Venezuela fue burlada burdamente, Santos la vulneró comprando las simpatías de legisladores, magistrados, consejeros de estado, entes de control y hasta medios de comunicación.

El gobernador del Estado Amazonas denunció esta semana que hay alrededor de 4.000 efectivos de las FARC armados en Venezuela, al mismo tiempo que en el Putumayo el ejército encontró una caleta con armas, que no han sido objeto de inventario en el mal llamado proceso de desarme.

La comunidad internacional es cómplice de toda esta relación macabra entre los dos gobiernos, incluido el gobierno de Obama, callando y patrocinando esta crítica explosión.

Producto de toda esta debacle, la diáspora venezolana que hoy arroja a miles de personas fuera de su país para enfrentarse a una crisis humanitaria sin precedentes. Los gobiernos de Hispanoamérica deben responder de acuerdo con los estándares internacionales de los tratados sobre refugiados.

Que la supuesta paz de Colombia haya sido confiada a un criminal como Nicolás Maduro, da cuenta de la legitimidad que tienen los acuerdos hechos, pasando por encima de la voluntad popular.

Dime con quién andas y te diré quién eres.

@MariaFdaCabal

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