De Escobar a Santos.

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Bogotá 14 de mayo de 2017.

En el país sin Dios ni ley en que han convertido las políticas de paz a Colombia, ya no hay límite que ninguna institución pueda poner, ni distractor que funcione en favor de la creciente amenaza anárquica que acecha.

El Plan Pistola, revelado la semana pasada por la filtración de un documento secreto de la Policía, pone sobre la mesa la vulnerabilidad del Estado ante los grupos violentos que, conocedores de la impunidad que los puede cobijar ampliamente, están acorralando a la fuerza pública, asesinando sistemáticamente a sus miembros. En el transcurso de solamente una semana, el saldo registrado es de siete uniformados asesinados y quince heridos en varias regiones del país.

Simultáneamente, con el aval de Juan Manuel Santos, quien se ha mostrado absolutamente doblegado a las órdenes de las Farc, se celebraba una reunión de la cúpula de éstos con las del ELN en Cuba.                         

Mientras internacionalmente el Nobel quiere mostrarse como el creador de un nuevo paraiso llamado Colombia, el país está viviendo una cruenta avanzada criminal, desatada  por el control del narcotráfico.                 

El General (r) Barry McCaffrey, Director para la Oficina Antinarcóticos durante el gobierno Clinton, ha sido muy claro al afirmar que el impresionante aumento de los cultivos de coca en Colombia obedece a la negociación de Santos con las FARC y la decisión de no erradicar cultivos y de suspender aspersiones aéreas. Sus declaraciones reafirman los argumentos de oposición absoluta a la trampa más burda a la que ha sido sometido el pueblo colombiano.                   

Era inimaginable que nuestro país volviera algún día a la época de Pablo Escobar, en la que asesinos a sueldo eliminaban policías para proteger el gran negocio del narcotráfico, alrededor del cual giran los más poderosos intereses y con cuyos millonarios recursos los narcoterroristas van a ejercer el poder en Colombia.                     

Santos no solamente le ha mentido recurrente y cínicamente al país, también nos ha devuelto a la era del miedo, con el agravante de que los protagonistas del terror, ahora son dueños de la Constitución, de las armas, de las instituciones, de las mayorías en el Congreso y del futuro de los colombianos.                  

“Con paz haremos más”, decía Juan Manuel Santos y nosotros ahora sabemos a quiénes se refería

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