El 8.000 repotenciado.

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Bogotá, 17 de septiembre de 2017.

En esta semana, una nueva advertencia del gobierno norteamericano acerca del impresionante  aumento de los cultivos de coca en Colombia, incentivó el cinismo y la compulsiva mitomanía de Juan Manuel Santos.
Con su habitual desfachatez, Santos ha pretendido culpar a Estados Unidos de no «combatir el consumo», después de estar no solamente dispuesto, sino ávido de recibir los recursos para la lucha contra el narcotráfico, de los que Colombia ha sido  beneficiaria y que él necesita malgastar en diversas necesidades de su cómplice gobierno. Con absoluto cinismo, con los mismos actores de reparto y con peores consecuencias: narcos y asesinos impunes empoderados dando cátedra de paz, unas instituciones hechas trizas y una nación sin futuro como paria en el concierto internacional.
Durante largos años hemos denunciado cómo los acuerdos de La Habana, no solamente otorgan impunidad a todos los crímenes de las Farc, sino que favorecen el crecimiento del narcotráfico y permiten el lavado de dinero, producto del «delito conexo» a la rebelión.
Para cualquier operador, receptor de este tipo de millonarias ayudas, su obligación es mostrar resultados ¿Y cuáles han sido? Un aumento de 40.000 a 180.000 hectáreas sembradas de coca, a causa de unos acuerdos de paz, diseñados para que un enorme sector de las Farc siguieran delinquiendo y que, sin ningún asomo de vergüenza, establecieran conexidad entre el narcotráfico y el delito político. Esto, con la complicidad y anuencia de algunos que hoy se quieren desmarcar de su responsabilidad para aspirar a la Presidencia de la República.
El producto de tanta complacencia con las actividades criminales de las Farc, podría causar la descertificación a Colombia, como país que combate el tráfico de drogas, con el posible y consecuente recorte o supresión de la ayuda económica.
Juan Manuel Santos puede pronunciar su discurso para atrapar a ignorantes incautos, acudiendo a la manida excusa de «los muertos los ponemos nosotros», pero las cifras no mienten, solo revelan que su lucha ha ido en otra dirección.
Quizá su desgastado discurso convenza a unos cuantos en Colombia, pero no a un gobierno que pide cuentas de las enormes erogaciones que hace, con el único fin de aplicar todas las medidas para combatir este delito.
El Presidente Trump sabe que en Colombia, lejos de combatir el tráfico de drogas, se ha repotenciado.
El 8.000 de Samper, es una travesura comparado con lo que ha hecho con Colombia Juan Manuel Santos.

 

 

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