Terrorismo en Barranquilla: ¿Serán los elenos?

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Bogotá, enero 28 de 2018

Un brutal ataque terrorista produjo el posconflicto (o la paz, o el post acuerdo, o cualquier otra palabreja inventada por los contratistas de la «paz» de Santos) esta mañana en Barranquilla.

Cuatro policías asesinados, a quienes nunca el gobierno del Nobel va a honrar ni a reparar como a sus victimarios; y más de 30 heridos entre policías y civiles, fue el aterrador resultado.

Las hipótesis no se hicieron esperar y probablemente Juan Manuel Santos quiera desviar la atención acerca de los perpetradores, para no deber justificarse después.

Sin embargo, un grupo de la delincuencia común no ejecuta un acto terrorista de estas características y magnitudes. Las Bacrim o el Clan del Golfo, tampoco tienen este modus operandi y lo circunstancial del carro de valores sólo ha servido para desviar la atención y generar falsas premisas sobre los verdaderos autores intelectuales y materiales de este atentado terrorista, que por sus características, es muy similar al de la plaza de toros de la Santamaría en Bogotá, donde murió un policía y hubo 24 heridos hace poco menos de un año.

Evidentemente esta guerrilla terrorista presiona con atentados la ampliación del «cese bilateral» que siempre termina siendo unilateral, porque ellos continúan delinquiendo; mientras nuestros soldados y policías tienen que dejarse matar para que los defensores de derechos humanos no se impresionen por la «violencia» de las fuerzas armadas en Colombia.

Parece que la paz que Santos negocia con el Eln, con las mismas características con que arrodilló el país a las FARC, se está manifestando. Actos de paz, explosivos de paz, masacres de paz y por supuesto, no faltarán la impunidad de paz y las curules de paz para llenar el congreso de terroristas.

El jefe negociador del gobierno, Gustavo Bell regresará el 31 de enero a Quito seguramente a inclinar la balanza nuevamente en favor de los terroristas. Ya nos habían amenazado diciendo que «cada día que se demore el inicio del quinto ciclo es un día más sin cese bilateral al fuego y un día de atraso en el desarrollo de la participación de la sociedad en la construcción de la paz». Y entonces vino la masacre.

El Eln y las Farc hacen lo que quieren, deciden, chantajean y extorsionan. Exigen y dilatan fechas y aprovechan ampliamente los gangazos que Santos acostumbra ofrecer a todos aquellos que cumplan con los méritos de haber asesinado, secuestrado violado y atentado permanentemente contra la infraestructura del país.

Nunca pensé que los colombianos llegaríamos a decir: «Por favor ¡no más dosis de paz! ¡No la soportamos!»

 

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