Cúcuta y la Crisis de Frontera

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Bogotá, febrero 11 de 2018

La crisis venezolana ha golpeado con mayor fuerza a los colombianos de las zonas de frontera, mientras el gobierno continúa en mora de decretar la emergencia humanitaria para activar los protocolos internacionales de atención al refugiado. Esto, para permitir la intervención de la comunidad internacional a través de Acnur y tender una mano a quienes llegan en condiciones de supervivencia que requieren una atención urgente.

Así mismo, la urgencia de proveer estrategias para estimular económicamente las regiones de frontera, es un imperativo que no se ha dado ni se dará en lo que resta de este gobierno mediocre y desentendido de las regiones.

Esta es una necesidad urgente que se le ha manifestado en todos los términos a la Canciller Holguín, quien parece tener oidos sordos a la emergencia. ¿Por qué la lentitud ante semejante crisis tan grave? ¿Qué esperan? ¿No la consideran de extrema prioridad? ¿Es una omisión voluntaria?

El panorama social en Cúcuta es muy preocupante y deprimente. La imperiosa necesidad de los venezolanos de encontrar comida, medicinas y demás elementos y servicios básicos, ha convertido a Cúcuta en un polvorín social, que no tiene la infraestructura ni los recursos para solucionar las necesidades de los migrantes en condiciones de emergencia.

La permanente llegada de venezolanos, provocada por la crueldad del régimen totalitario de Maduro, ha desencadenado en desempleo, informalidad, delincuencia, prostitución, invasión de espacios públicos e insalubridad.

Según Migración Colombia, al menos 58.000 venezolanos de los 550.000 que permanecen en el país, están en Norte de Santander, agudizando todos los problemas que la región ya tenía.

La explotación de los migrantes que son contratados ilegalmente por menos del salario mínimo y sin prestaciones sociales, genera desempleo para los colombianos y una situación que termina perjudicando a todos.

Según Fenalco Cúcuta, el volumen de ventas disminuyó en todos los sectores comparado con 2.016, aún con la llegada de los venezolanos, ya que su capacidad adquisitiva es mínima y no impacta positivamente en el comercio.

El problema del contrabando también está muy lejos de ser controlado. Los más afectados son los ganaderos y los expendedores de gasolina.

Santos, quien ha sido «mejor amigo», cómplice silencioso de la dictadura, socio y co-ideólogo de Maduro, es corresponsable con el régimen del drama fronterizo y está en la obligación de ponerle fin a sus consecuencias.

Tremendo problema el que heredará el próximo gobierno, por cuenta de una inconveniente complicidad.

O esto se corrige de inmediato con una política pública integral o la explosión de la crisis humanitaria será inatajable.

 

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