¿Condenados al cinismo eterno?

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Bogotá, 14 de mayo de 2018

Pareciera que la cadena de sorpresas desagradables y sucesos insólitos no cesa durante este último periodo del ya feneciente gobierno de Juan Manuel Santos.

Una y otra vez los colombianos presenciamos  el circo de la “paz” de su desgobierno, otra vez burlándose de la justicia -que no existe para la izquierda, siempre impune-.

Sin embargo, la costumbre de ver a los sátrapas terroristas reírse de los colombianos y de sus víctimas, esta vez llegó a su máxima expresión de cinismo: en esta oportunidad, contaron con la complicidad de la Iglesia Católica, para fraguar otra burla.

La Conferencia  Episcopal Colombiana, en un acto de audaz desfachatez, decidió tenderle “benevolentemente” la mano a alias Jesús Santrich, en un gesto  evidentemente político disfrazado de humanitario. Como todo lo de la izquierda,  torciendo la realidad.

Otra vez la trampa es protagonista en temporada electoral, como si los colombianos estuviéramos condenados al cinismo eterno de quienes, con cualquier argucia, son capaces de disfrazar todas las situaciones para terminar favoreciendo delincuentes.

Jesús Santrich fue capturado por la Fiscalía y recluido en la cárcel La Picota con fines de extradición. Inmediatamente, todo el aparato del Estado se volcó a construir la trampa, para que sus delitos de narcotráfico fueran “evaluados y revisados” por la JEP, aun cuando flagrantemente ha incumplido con los acuerdos que su grupo terrorista y el gobierno firmaron, por encima de la voluntad popular, en diciembre de 2016.

Todo lo que una vez consideramos imposible, sucedió; todo lo que no debía ni podía pasar, pasó. Se concedieron toda clase de privilegios absurdos y aún así, no contentos con tantas ventajas, consideraron que tenían patente de corso para seguir traficando.

Razón tuvo siempre el Coronel Hernán Mejía Gutiérrez, cuando denunció que las Farc son una multinacional con un secretariado especial que opera en las altas esferas del empresariado, la iglesia y la política colombiana.

No nos pueden convencer que la iglesia está actuando de forma “humanitaria” tras el chantaje de una supuesta huelga de hambre, cuando jamás hubo una actitud cristiana frente a las atrocidades que cometieron contra secuestrados, niños reclutados y mujeres y niñas abusadas por décadas enteras.

Se rumora que Santrich se fugará y pareciera que la Iglesia y la Fundación Caminos de Libertad, que lo amparan, están facilitando las condiciones para que así sea.

¿Qué tanto tiene que esconder Juan Manuel Santos, que prefiere privilegiar a las Farc por encima de los requerimientos de Estados Unidos? Quizá nos sorprendamos  mucho más, cuando efectivamente el narco de marras desaparezca como por encanto, junto con sus cómplices. Amanecerá y veremos.

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