Los fugitivos de la paz

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Bogotá, septiembre 2 de 2.018

 

Al menos cuatro de los más reconocidos narcoterroristas de las FARC, han salido de sus “zonas de normalización” y renunciado a sus esquemas de seguridad asignados por el Estado.

Iván Márquez, Romaña, el Paisa y Gentil Duarte -el primero que se fugó diciendo que perdonaba la vida a sus escoltas-, han desaparecido por “arte de mafia” y ni los servicios de inteligencia del Estado, destruidos por Santos, ni el costoso acompañamiento de la ONU, tienen idea de su paradero.

¿Por qué tanta complacencia e inoperancia? ¿Disfrutaban estos personajes de plena libertad, como cualquier ciudadano decente?

Inquieta mucho que,  ante todo el desarrollo normativo derivado del acuerdo de paz, tanto de la JEP como de las altas cortes colombianas, las posibilidades de aplicar justicia son inciertas.

¿Qué pasa si los capturan? ¿Quedarían en manos de la JEP y, según la Corte Constitucional, seguirían cobijados por la no extradición por haber firmado el acuerdo de paz? Todos nos preguntamos qué pasaría si otro delincuente actuara dentro de una situación similar.

Es tan patética nuestra realidad institucional judicial, cooptada por la malversación del sentido de la “paz” como bien superior, que terminaremos sin saber qué puede ocurrir en este país.

Paralelamente, las FARC tienen su partido político. Y nadie los llama a cuentas. Además de protegidos por el senador Iván Cepeda, que esgrime toda clase de excusas para no contar la verdad. Seguro no sería así su actitud con los paramilitares y menos con los miembros del Ejército de Colombia que estuviesen inmersos en investigaciones o pendientes de resolución judicial.

El espurio andamiaje legal que se construyó para favorecer los acuerdos de paz de La Habana, está empezando a arrojar los primeros resultados de esta receta macabra diseñada por Juan Manuel Santos y las FARC.

No sería de sorprenderse que la misma Corte Constitucional que sentenció conexidad entre tortura y abuso sexual a niños con el conflicto, se pronuncie en favor de los hoy desaparecidos  delincuentes.

Incierto futuro tenemos los colombianos, padeciendo tan bizarra justicia. Colombia es hoy un paradigma en el que la inversión de la escala de valores hace que los fugitivos gocen de plenas garantías, mientras que los inocentes son perseguidos con sevicia. Y el experimento de la paz solo ha contribuido a acentuar esta tremenda incongruencia.

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