Una solicitud impertinente

Bogotá, diciembre 16 de 2018

La semana pasada se hizo pública una comunicación suscrita por doce diputados europeos, de la camarilla de la izquierda internacional, pidiendo el retiro del Proyecto de Ley 131 de 2.018, de mi autoría, que modifica la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

Este acto hostil, en contravía del principio de no intromisión en los asuntos internos de otros Estados, de la soberanía nacional y de la autonomía legislativa colombiana, demuestra una vez más la perversa alianza mundial que pretende subvertir todo orden natural para imponer su plataforma ideológica.

Tal como les respondí por escrito, resulta ofensivo que parlamentarios extranjeros se arroguen el derecho de impartir órdenes a quienes fuimos elegidos democráticamente, como si fuéramos una republiqueta al servicio de extraños intereses superiores.

Aseguran los eurodiputados, que el proyecto de ley pretende “beneficiar proyectos industriales o intereses extranjeros”, repitiendo la retórica aprendida de quienes defienden una ley que hoy deja a campesinos pobres y a víctimas en la total indigencia, al perder su único medio de sustento ante la imposibilidad de demostrar la buena fe exenta de culpa, teniendo que soportar la inversión de la carga de la prueba como si se tratara de narcotraficantes.

El desconocimiento y la ausencia de sustento de la irrespetuosa y descabellada solicitud, me estimuló a aclararles varias cosas que debían conocer, dada su autoproclamación de abanderados de los “derechos humanos”.

La primera, que el proyecto de ley subsana los errores jurídicos de la ley actual y está encaminado a cumplir con el mandato de la Corte Constitucional sobre la atención a los llamados “segundos ocupantes”, de acuerdo con las convenciones internacionales de protección a población desplazada.

También, que contiene una serie de garantías de carácter universal, que fueron desconocidas en la norma original: el principio de la acción sin daño, el de la confianza legítima y el de la doble instancia.

En este mismo sentido, que protege a las víctimas que sufrieron el embate de la violencia por parte de las organizaciones ilegales y hoy deben padecer además, el despojo legitimado por el Estado, al arrebatarles su único medio de supervivencia.

Así las cosas, señores eurodiputados, sobre la base de su absoluto desconocimiento y su nula injerencia… ¡Ustedes a sus cosas y nosotros a las nuestras, como corresponde!

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